Me llamó la atención el comentario en redes sociales de un defensor del nuevo gobierno, refiriéndose a los críticos como “economistas de cafetería”. El caso es que los resultados ya no son teóricos, sino tan reales que afectan a ricos y pobres; por eso, independiente de las preferencias políticas es prudente contar con un plan para las finanzas personales si llegamos a resentir una recesión.

Hasta ahora hemos tenido crecimiento en la producción, aunque insuficiente para ofrecerle trabajo formal a todos los que ingresan al mercado laboral. En días pasados se dieron a conocer las cifras al tercer trimestre de 2018 en donde el PIB avanzó a una tasa de 2.7 por ciento anual. Para darnos una idea; tendría que incrementarse a un ritmo mayor al 4 por ciento para empezar a revertir la problemática del desempleo.

Se equivoca quien diga que no podemos estar peor. En este momento la previsión es de menor crecimiento; sin embargo, parece cocinarse una tormenta perfecta con la falta de confianza generada a los inversionistas por el efecto de la cancelación del aeropuerto; la corriente proteccionista a nivel internacional y el cambio de reglas con el tratado de libre comercio.

En el contexto doméstico, en nada ayuda la mayor inflación y el alza de las tasas de interés que encarecen el crédito y limitan los proyectos productivos.

Es cierto, el crecimiento económico es insuficiente, con ganadores y perdedores, mientras que técnicamente entraríamos a una recesión al registrarse una caída en la producción total en al menos dos trimestres consecutivos y una gran diferencia es que el impacto negativo se presenta en todos los sectores.

Tal vez sintamos lejanas de nosotros las cifras de PIB, pero se dejan ver en forma real a través del estancamiento salarial; pérdida de empleos en el entorno familiar; baja de ventas en el negocio; elevación de la inseguridad; volatilidad de las inversiones, etc.

Eventos como la suspensión de la construcción del aeropuerto hacen esperar que será un arranque de gobierno complicado en cuanto a actividad económica se refiere y muy poco podemos influir en el ámbito macroeconómico.

Lo que si es factible hacer es tomar las previsiones para enfrentarla en el terreno de las finanzas personales. Si no sucede y resulta que empezó a darse una mejoría sustancial tendremos un basamento para otros metas.

El primer reto es ponernos en orden en los gastos; reducir el nivel de endeudamiento y ser precavidos con las decisiones. Debemos cuidar la fuente de trabajo y tener en el radar la posibilidad de perderlo y armar un plan “B” si esto acontece.

Hay que entrar a detalle en estos aspectos; dejaré el tema para futuras entregas.

Hay desánimo entre la población en México y esto puede acarrear serias consecuencias para el futuro de las finanzas personales. Según un estudio publicado por Nielsen, prestigiada firma de investigación de mercado, 8 de cada 10 consumidores perciben recesión en México, medición que se ha mantenido por cuarto trimestres.

En contrapartida, la información oficial indica que no vamos tan mal. El indicador global de actividad económica arroja un aumento anual a febrero de 4.11 por ciento, el mayor desde abril de 2013. Además, los pronósticos del PIB para este año, están lejos de arrojar cifras negativas. De hecho, para definir una recesión tendría que haber una caída en la producción por tres trimestres consecutivos, situación que no acontece desde 2009.

Esta percepción pesimista esta basada en la realidad de las familias mexicanas e identifican problemas económicos en sus propias finanzas que extrapolan a nivel nacional.

De mantenerse la visión negativa, se traduce en una actitud cautelosa con el gasto y lleva a una la caída de las compras, incremento de inventarios, menor producción, reducción en el empleo y finalmente, se cumple la profecía que las cosas van mal.

Según el “Estudio Global sobre Confianza del Consumidor” de Nielsen, la mayor preocupación es mantener el empleo. El 47 por ciento de los encuestados cree que no es un buen momento para comprar cosas y 18 incluso los consideran un mal momento. Incluso, el 78 por ciento reportan cambios en sus hábitos para generar ahorros.

De lo que han llevado a cabo para bajar el gasto se encuentra el comprar marcas baratas, evitar comer fuera de casa, llevar comida al trabajo o ahorrar en el uso de la electricidad y gas en el hogar.

Los consumidores mexicanos están bien entrenados con las crisis sucesivas, de tal manera que reaccionan ante un panorama adverso, pues el 52 por ciento piensa que sus finanzas personales y familiares se mantendrán sanas durante los próximos meses.

Esta perspectiva pesimista tiene elementos reales como es el menor dinamismo mundial que conduce a una reducción de las exportaciones; un dólar caro y volátil que ha venido aumentando el precio de los bienes de importación; las tasas de interés bajas para el ahorro y altas para los créditos; además del fantasma del posible triunfo de Donald Trump en Estados Unidos.

Como los demuestra la encuesta reseñada, es mejor ser cuidadoso, aunque habría que sopesarlo con la realidad para también aprovechar las oportunidades.

Twitter y Facebook: @finanzasparami

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