¿Te parece conocido el siguiente perfil?: Un padre desea darle mayor comodidad a su familia y toma un crédito hipotecario, cuyo pago ocupa el 30 por ciento de su ingreso. Después, se endeuda con tiendas departamentales para habitar la nueva vivienda, y la erogación mensual le quita otro 10 por ciento. Como ya tenía el compromiso de un auto que absorbía otro 10 por ciento, ahora batalla para salir con los gastos cotidianos de alimentación, colegiaturas, diversión, etc.

A partir de ese momento, las tarjetas empiezan a elevarse en sus saldos, porque es imposible liquidar más allá del mínimo requerido. El escenario de apuros económicos podría durar años y si bien va, con aumentos de sueldo, alcanzará a mantenerlo hasta salir del atolladero, pero si las cosas se complican con alguna enfermedad, pérdida de trabajo u otro crédito, el pronóstico es devastador.

En definitiva, las deudas alcanzan a ser catastróficas, porque cuando se exacerban los problemas económicos en casa, también se agudiza el conflicto de pareja y se desborda la queja de los hijos. A esas alturas, las salidas son dolorosas y puede llegar el momento de requerir deshacerse de activos con el fin de liquidar los créditos.

Lo curioso es que en la mayoría de los casos, las familias ni se dan cuenta de cómo se van hundiendo en compromisos de pago poco a poco y es por eso que debemos de llevar un control estricto de los pasivos, de manera independiente de los costos del mismo, porque los esquemas de “meses sin intereses” son en muchas ocasiones culpables de estos desbalances de flujo de efectivo.

La fórmula para saber qué tanto endeudarse (de ser necesario) es muy sencilla. Hay que revisar la capacidad de pago a través de un presupuesto. Es decir, determinar cuánto es posible pagar después de todos los compromisos.

Es evidente; hay que cuidar el costo del crédito y evitar caer en el de las tarjetas que tiende a ser excesivamente alto.

El endeudamiento es una fuente de recursos cuándo se carece de ellos y es inadecuado el sustentar el avance solo en este formato de apalancamiento.

Hay quienes viven perseguidos por los acreedores toda su vida productiva. Recordemos que las deudas son “desahorro” y es preferir el consumo presente por el futuro. Esto tiene como consecuencia carecer de los recursos necesarios a la hora del retiro.

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Jueves, 18 Febrero 2016 16:12

7 pasos para evaluar un crédito

Ante los vaivenes del dólar, la incertidumbre de las tasas de interés y la posibilidad de un bajo crecimiento, hay nerviosismo entre quienes evalúan tomar un crédito, sobre todo porque tienen miedo de que suceda lo mismo de crisis financieras anteriores. Por esa razón, es conveniente cubrir aspectos básicos antes de tomar la decisión.

1.- El primer paso es analizar el destino del préstamos. Por ejemplo, cuando las empresas toman pasivos, lo hacer para proyectos de inversión que tienen determinada rentabilidad o algún apuro de solvencia. De esa misma manera, habrá de sopesar si lo que obtendrás vale la pena añadirle el sobre precio de la tasa de interés.

2.- La siguiente pregunta obvia es si es necesario contratar un adeudo, pues el costo siempre será alto y es preferible llevar a cabo una transacción en efectivo o esperar a juntar el recurso a través del ahorro.

3.- Si los primero dos puntos ya están claros, entonces hay que determinar cuál es la capacidad de pago, analizando el presupuesto. Es decir, tener cuantificado cuánto te queda después de los gastos cotidianos y cumplir con otros prestamos previamente adquiridos. Este dato te será indispensable porque limitará o expandirá el monto posible de la operación.

4.- Ahora hay que pensar en el tiempo de vigencia del crédito. Porque si se trata de un hipotecario el compromiso es de entre 10 y 20 años, por lo que la estabilidad laboral y futuros requerimientos de gasto deberán ser consideraros. El riesgo es pagar bien los primero años y luego caer en insolvencia.

5.- Después de cubrir las 4 acciones previas, recordemos que hay marcadas diferencias entre las instituciones financieras y es útil hacer un esfuerzo para averiguar los programas de cada una de ellas con el fin de elegir la mejor opción.

6.- Una elección muy específica será la de tener cuidado de tomar una tasa fija que, aunque sea mayor a un variable, te dará certidumbre de largo plazo porque el costo del empréstito será el mismo en toda la vida del adeudo. Solicita una “corrida” de los pagos, en donde veas cómo se distribuyen a lo largo del tiempo. Pregunta también si hay anualidades o alguna penalización por liquidar en forma anticipada.

7.- Finalmente, solo queda tomar la decisión y revisar muy bien el contrato, porque será el documento básico de los compromisos. Si el convenio verbal no es igual al escrito, hay que hacerlo notar y revalorar.

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La crisis griega se deja sentir en México a través del alza de la cotización del dólar y de la volatilidad de la bolsa, pero más allá del ámbito financiero, el impacto está acotados por una relación comercial mínima. Sin embargo, hay otras moralejas valiosas a tomar en cuenta.

Podríamos enfocar el aprendizaje en tres terrenos. El primero sería sobre las inversiones:

1.- Los valores de gobierno también tienen riesgo. Detrás de la debacle griega hay un gran enseñanza, pues es producto de la irresponsabilidad de sobre endeudarse por parte de las autoridades. Demuestra que las emisiones sustentadas por entidades públicas pueden generar pérdidas si son ineficientes con en el manejo de sus finanzas.

2.- Las crisis de otros países afectan a México, aun cuando el intercambio comercial sea bajo. Es decir, por mucho que las autoridades internas hagan bien su labor, estamos susceptibles de que nuestras finanzas se vean afectadas por efectos llamados “exógenos”, debido a los vasos comunicantes de la globalización.

3.- Ante estos eventos de inestabilidad, los agentes económicos tienden a ponerse nerviosos y se ve reflejado en la volatilidad del mercado cambiario y bursátil. Lo adecuado es evitar participar en la medida en que uno desconozca el funcionamiento. Es cierto, puede haber ganancias significativas aceptando un alto riesgo.

Otra perspectiva sería más general y estaría dirigida a la forma de administrar los recursos:

1.- No hay “free lunch” ni para las naciones, ni para las personas. Si se gasta sin sustentabilidad por parte de los ingresos, el resultado es recurrir al crédito de manera irremediable. Gozar épocas de bonaza ficticia, tarde o temprano se traduce en un fuerte dolor de cabeza.

2.- En ese mismo orden de ideas, el apalancamiento excesivo termina generando una quiebra. Si eso le sucede a los países, con mayor razón a una familia.

3.- Las medidas para salir de la crisis de endeudamiento son muy dolorosas, porque implica deshacerse de activos y amarrarse el cinturón para poder pagar a los acreedores.

Finalmente, desde un punto de vista político, los ciudadanos debemos de tener cuidado de elegir bien a los gobernantes porque los esquemas populistas son en principio muy atractivos y nos hacen creer que las cosas van de maravilla, pero a la larga provocan un problema que borra todos los beneficios anteriores y llevan al extremo los costos. Hay un buen número de ejemplos, y los recientes serían Grecia y Venezuela.

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