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Miércoles, 21 Septiembre 2016 22:35

¿Me preocupo por el alza del dólar?

Otra vez, como desde hace décadas, el tipo de cambio pone en jaque las decisiones económicas y no solo de las compañías, sino también en el ámbito de las finanzas personales.

Recientemente había señalado en este espacio la necesidad de aprender a vivir con la incertidumbre y vaya que rápido el dólar dio la razón. Aun cuando México está lejos de ser un país dolarizado, la integración global con la liberación de los mercados provoca que el impacto sea directo.

Las empresas tienen capacidad de soportar vaivenes esporádicos en la paridad sin repercutirlos, pero ante una tendencia alcista irán ajustando sus precios y más todavía, porque buscarán protegerse de movimientos posteriores.

Afecta sobre todo por la manera tan intempestiva que se da y la expectativa de un escenario peor con el posible triunfo de Donald Trump. Sin embargo, debemos reconocer otras etapas cuando hubo alzas y regresó la estabilidad. Por ejemplo, con la crisis financiera internacional 2008, el dólar pasó en unos cuantos meses de 10 a 15 pesos, y dos años después había bajado de nuevo a alrededor de 12.

Dados los actuales niveles de precios entre Estados Unidos y México es claro que existe una subvaluación de la moneda, pues los productos domésticos son más baratos comparados con los del vecino país. La pregunta es cuánto puede durar esta situación, y que la elevación de las cotizaciones internas validen el mayor tipo de cambio.

Si bien los negocios están limitados para trasladar en forma inmediata todo el aumento de la paridad porque se saldrían del mercado, eventualmente lo harán.

Hoy la incertidumbre se va al valor del dólar y la economía se ve incidida en principio por el incremento de los artículos importados, pero también porque impacta a otras variables como las tasas de interés y la desconfianza hacia la actividad productiva; pocos realizan negocios cuando desconocen el futuro cercano.

En términos de las finanzas personales hay que procurar la protección no adquiriendo deudas en dólares; tener cuidado con las tasas de créditos y estar pendiente de la afectación sobre las empresas.

Recordemos que por la elevada volatilidad y lo difícil de su predicción, los dólares son una inversión altamente riesgosa, por lo que su compra debería entrar al terreno de la cobertura de compromisos por cumplir en moneda extranjera.

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Jueves, 30 Junio 2016 15:33

¿Dólares como inversión personal?

Un tema recurrente con las alzas intempestivas en el valor del dólar es la duda de si es una buena inversión en términos de las finanzas personales. Repasemos los principales puntos de tal decisión.

1.- Quedó en la memoria colectiva la palabra “devaluación”, y es inapropiada. Ya no es una resolución unilateral del gobierno, sino producto de la oferta y la demanda. Es decir, el peso se “aprecia” o “deprecia” todos los días; incluso, con la intervención del Banco de México, la respuesta final la decide el mercado.

2.- En el corto plazo puede haber ganancias significativas, siempre y cuando acertemos en el sentido del movimiento. El Brexit  es un buen ejemplo; el peso se había apreciado por la expectativa de que el Reino Unido decidiría quedarse en la Comunidad Económica Europea y luego se depreció al saber el resultado. Además, debemos considerar el diferencial entre el precio de compra y venta que demerita la posible ganancia momentánea.

3.- Una conclusión obvia de los dos puntos mencionados es que es una opción con una alta volatilidad y riesgo en el corto plazo e implica tener una información privilegiada para acertar, lo cual la hace una alternativa inadecuada en las finanzas personales.

4.- Sin embargo, considerándola como una posibilidad de largo plazo, el tipo de cambio tiende a cubrir el ajuste de los precios y es por eso que hay esquemas de seguros que contemplan los montos en dólares, permitiendo mantener el poder adquisitivo.

5.- Por tanto, la inversión en dólares es justificable plenamente cuando es utilizada como una cobertura o como una parte de un portafolio que busca diversificarse con el fin de abatir riesgos.

6.- Para darnos una idea de la diferencia de largo plazo, si hubieras comprado dólares hace 10 años hoy habrías ganado alrededor de 70 por ciento, mientras que si lo hubieras depositado en la Bolsa Mexicana de Valores, medida con el IPC, hubieses obtenido 130 por ciento, con todo y las caídas recientes. Por su parte, si lo hubieras dispuesto en Cetes de 28 días, el rendimiento prácticamente sin riesgo sería de 62 por ciento.

Un consejo muy práctico que sucede en todas los ajustes económicos es evitar ser quienes compran por temor al subir y venden mucho tiempo después al ajustarse a la baja. Es el peor negocio; por ejemplo, en 2009 el dólar aumentó por arriba de 15 pesos y rumoraban que podría alcanzar los 20 pesos, cuando en realidad dos años más tarde era menor a los 12.

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Jueves, 24 Septiembre 2015 13:46

¿Qué tiene que ver la Fed en mis finanzas?

Después de meses de incertidumbre, la semana pasada, la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) decidió mantener su tasa de referencia sin movimiento y la pregunta es cómo nos impacta, dado que los mercados son directamente afectados por este tipo de decisiones monetarias.

Bien, pues resulta que antes de que sucediera ya había pegado en nuestros bolsillos con alteraciones en el tipo de cambio y volatilidad en la Bolsa Mexicana de Valores. Recordemos que los mercados tienden a descontar las ajustes esperados.

1.- La Fed, como cualquier banco central, utiliza la tasa de interés como una forma de influir en los indicadores financieros. Con anterioridad lo había hecho y había situado la mencionada referencia en un rango de 0 a 0.25 por ciento, para incentivar la actividad económica de Estados Unidos, a través de mayor consumo e inversión, ya que se facilita el endeudamiento por el bajo costo.

2.- Sin embargo, las decisiones individuales de los países tienen repercusiones en el resto de las naciones por el intercambio de bienes y capital. En este caso, un alza en las tasas de interés de Estados Unidos atrae el capital global al ser una moneda dura con mayores rendimientos, reducen su propia perspectiva de crecimiento y es menor la presión de su inflación interna.

2.- Por eso, la simple expectativa de su revisión por parte de la Fed había generado una revaluación del dólar y consecuente pérdida del valor del peso. En México, las reservas internacional cayeron y hubo un comportamiento bursátil errático.

3.- La Fed, a través de su directora Janet Yellen, había dado la señal que subiría su tasa de referencia porque Estados Unidos está ya creciendo y quiere evitar presiones inflacionarias; empero, la revisión reciente indica que el aumento en los precios no es alarmante y buscan blindarse de la crisis de China. Desean evitar el perder su ritmo de avance productivo y decidieron volver a retrasar la medida.

4.- Cuando se concrete la tan anunciada alza, sería de esperarse que el Banco de México también eleve su tasa de referencia, provocando en nuestros bolsillos un incremento de los réditos a los cuales ahorramos y el costo del crédito. Aunque la magnitud es baja, provoca un desincentivo para la producción.

5.- Los analistas apuntan que debido a la postergación del anuncio seguirá la incertidumbre en los mercados y, por tanto, la volatilidad en la Bolsa Mexicana de Valores. Lo anterior, nos lleva a tener cuidado con las decisiones de carácter bursátil.

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Comentaba en la entrega anterior sobre el impacto del alza intempestiva de la cotización del dólar sobre la inflación y de la importancia de prepararse para enfrentarla (www.elfinanciero.com.mx y www.finanzasparami.com); ahora abundaré sobre características particulares que debemos tomar en cuenta en las finanzas personales.

Un primer aspecto es tener una sensibilidad de nuestro propio nivel de precios, porque la inflación reportada por el INEGI es un promedio general que podrá ser diferente a la que consumimos. Una forma pragmática sería revisar los estados de cuenta para determinar cuánto se eleva el pago de los víveres u otros conceptos de uso regular.

1.- Ingresos. La única manera de incrementar rápido la entrada de dinero sería si se tiene una actividad empresarial y ajustas los precios; sin embargo, la competencia impide en ocasiones trasladar al cliente el aumento de costos y es necesario quedarse con parte del impacto.

Los salarios tienden a ser lentos para reaccionar y por lo regular estas consideraciones se hacen cada año. Además, esto es difícil porque también está acotado por el bajo dinamismo productivo que limita la demanda laboral. Es decir, el objetivo inicial es conservar el empleo, aun con el rezago del ingreso.

Si ese fuera el caso es fundamental buscar otras alternativas mejor pagadas o procurar ingresos extras sin dañar las actividades que son la fuente principal.

2.- Gastos. Una acción de arranque, es hacer un presupuesto o revisar el que ya se tiene. Si hay muchos productos de importación de seguro el alza será mayor, por lo cual se habrá de valorar si cambias el tipo de artículo por uno nacional o reduces su consumo.

Si se tenía ya decidido hacer una compra de un bien, como muebles o electrodomésticos, verificar si todavía no hay ajuste en precios y adelantar la adquisición antes de que ocurra.

3.- Ahorro. Es conveniente averiguar los bancos que estén dando la mejor tasa porque de otra forma se estará perdiendo el poder adquisitivo de lo que se guarda. Hay un diferencial grande de tasas entre bancos y vale la pena hacer la investigación.

4.- Patrimonio ¿En dónde tienes tu dinero? Si no estás obteniendo un rendimiento que compense la inflación, es conveniente tener activos que se actualicen más rápido, como serían, por ejemplo, los bienes raíces.

Las bolsas del mundo se encuentran en un momento de alta volatilidad, por lo cual deberás de ser muy selectivo de las acciones porque el riesgo se eleva.

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El tipo de cambio es un tema recurrente cuando hablamos sobre finanzas personales y sobre todo porque conlleva una relación directa sobre la inflación, tasa de interés y la actividad económica en general.

Es crucial entender algunas características específicas para saber el impacto que tiene en nuestros bolsillos. Sobre todo para erradicar mitos.

1.- En principio, debemos distinguir la diferencia entre “devaluación” y “depreciación”. La primera significa que es un tipo de cambio fijo y la autoridad monetaria eleva de manera unilateral el valor de la divisa.

Hoy no tenemos una paridad fija, ni el gobierno decide en forma arbitraria su valor. Por tanto hoy enfrentamos “depreciaciones o apreciaciones” que se dan incluso a lo largo del día. En este caso, la autoridad monetaria solo puede intentar influir en el mercado, más no determinarlo. Es por eso que el Banco de México elevó los montos de la subasta diaria de dólares.

2.- Al estar bajo un régimen de libre flotación, la cotización se moverá de acuerdo con la oferta y la demanda. Es por eso que todos los analistas coinciden en la dificultad para pronosticar esta variable.

Hay componentes de esta oferta y demanda que se identifican claramente; sin embargo, la especulación es parte inherente al mercado y está provocada por eventos fortuitos o la simple sospecha de que algo sucederá.

Si los expertos son incapaces de saber cuánto costará el dólar, es obvio que más vale dejar de especular con la divisa a un nivel personal, porque implica un alto riesgo.

3.- El efecto sobre los precios, por supuesto, se da en los productos importados; empero, cuando se habla de inflación tiene que ver con otras características de la economía nacional como la cantidad de circulante y las tasas de interés.

Es decir, podría darse el caso de que subieran los precios de los bienes extranjeros y que bajaran algunos nacionales, generando una realineación de precios relativos y la inflación quedara con un bajo impacto.

4.- El nivel de tasas de interés nacionales y extranjeras tienen mucho que ver con el movimiento de los capitales en el ámbito financiero. Por tanto, también influyen en los flujos de divisas y las cotizaciones de las mismas.

Si el Banco de México, por ejemplo, decidiera aumentar la referencia de las tasas para que lo réditos subieran, muy probablemente generaría una mayor demanda de pesos y ayudaría a bajar la presión sobre el tipo de cambio.

Claro, no hay “free lunch” y una eventual elevación en las tasas de interés provoca un desincentivo a la producción y al consumo, vía el encarecimiento del crédito.

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